Acerca de Rambling

Rambling puede traducirse como desvariando, usar una serie de palabras, frases, u oraciones juntas sin que estas tengan sentido entre sí.

Y de eso se trata este blog, darme un espacio para desvariar. Cada entrada significa una idea que se me ha ido ocurriendo a lo largo del tiempo pero entre sí, las publicaciones no mantendrán una línea o unidad temática, serán como la vida, de todo un poco.

Esto es un proyecto que hace tiempo tenía pensado poner en práctica pero que por una u otra razón fui empujando en el tiempo, una ventana para volver a una afición que por buen tiempo mantuve abandonada: escribir.

¡Bienvenidos a Rambling!

viernes, 14 de mayo de 2021

¡Dios Salve a la Emperatriz!

Castillo se corre a otro debate, se anuncian peleas internas dentro de su partido para definir al equipo técnico, su poder detrás del poder insiste en hablar y con cada sílaba costarle cientos de votos al candidato aunque este último trate de desligarse, y así, aquella amenaza que en un principio aterró a los miedosillos, cuya única deidad y motivo de vida es el modelo económico, se va disipando, dandoles un momento de paz, un respiro de alivio, el autoconvencimiento que lo peor ya pasó o está por pasar, de que la peste roja fue vencida una vez más. 

Mientras tanto, aquella que tenía todo en contra y que no se creía pudiese voltear la tortilla no - al menos - sin antes revelarse a sí misma como lo que ha sido y es, sin antes agachar la cabeza y pedir perdón por sus errores, desde su esquina o - para definirlo mejor- desde su cloaca, festeja que la improvisación y falta de experiencia y capacitación política de su rival, le esté ayudando a ganar con un mínimo esfuerzo.

Y como parte de su celebración, la hija del emperador transa con las actuales fuerzas de poder, que diligentemente le extendieron la alfombra y se arrodillaron ante su majestad, para dejar todo listo y servido para que su ceremonia de coronación y futuro reino se den bajo sus condiciones, con un poder centrado en ella, dependiente de ella, leal a sus deseos y órdenes y que le garanticen 5 años (¡5 años, sí claro!) de reinado sin incidentes. Tribunal Constitucional a su medida, Poder Judicial sin independencia, Congreso sumiso y diligente, empresarios tendiendo hojas de palma y alfombras de flores para que ella pase.

Y claro, surge entre la multitud la consabida explicación "El peor de la derecha es mejor que el mejor de la izquierda peruana"; "Era eso o una dictadura comunista"; "Castillo nos hubiese convertido en Venezuela" (sí, por supuesto, porque no es un improvisado más sino un gran tirano en potencia ejecutando finalmente su milenario plan). El mal menor que le dicen y por el que ya nos acostumbramos a votar.

Y es esta una muy lamentable realidad que nos demuestra la poca capacidad de razonamiento que tienen muchos (desafortunadamente incluidos los medios de comunicación tradicionales) pues, en primer lugar, ni Castillo ni Cerron tienen las herramientas o el poder para configurar una dictadura; en segundo lugar, Venezuela no se transformó en lo que ahora es de un día para otro - y tampoco en 5 años- y, en tercer lugar, con el Congreso, la calle y los militares en contra, el lapicito no iba a poder cambiar nada radical o y si lo intentaba no iba a durar, pero claro, el terror no los deja pensar y lo peor es que éste es un terror que ellos mismos se fabricado y cual niño asustado por el cuco debajo de su cama prefieren firmar un pacto con el diablo que los libre del inexistente monstruo. 

Pero ¿por qué siempre escoger la enfermedad menos dolorosa pero que igual deja estragos permanentes? Lo entiendo, el pueblo decidió y nos puso a las dos peores opciones delante (tampoco es que haya habido mucho de donde elegir), pero había una tercera opción por la que nadie quiso hacer campaña debido a un agresivo y osado confornismo que se niega a ver más allá del binarismo y tilda de ingenuos o ignorantes a los que optan por el candidato contrario y de cobardes a quienes no optan por ningún candidato. 

Su inapelable razón es que si llegábamos al 66.6% de votos blancos y nulosvse repetía la segunda vuelta tal cual, con los mismos candidatos, pero la flojera mental les impide llegar a la pregunta ¿y qué sí en una tercera vuelta volvíamos a llegar al 66.6%?, ¿se convocaría tercamente a una cuarta vuelta o los organismos electorales (o por ahí quizás los mismos candidatos) darianse cuenta de que el país no quiere a ninguno de los dos en la presidencia. Lo sé, es un sueño utópico, una irrealidad, una fantasía. Jamás se hubiese logrado ni siquiera el primer 66.6% ¿o sí?

Somos 31 millones de personas sin un ápice de cultura cívica, acostumbrados a comer de las migas que aquellos que están en el poder nos lanzan y a sólo pensar en las opciones que los ya mencionados nos ponen al frente. De vez en cuando algunos miles saltan a las calles y por ahí que logran sus objetivos pero no es lo común. Lo único que nos interesa es nuestro individual bienestar y que se pudran los demás y para lograr eso estamos dispuestos hasta a empeñar nuestra conciencia y nuestra alma al peor de los posibles señores del infierno a cambio de que nos "salve" de un fantasma sin poder y sin mayor arma que un grito que asusta soló a los más cobardes, aquellos que prefieren agacharse y esperar tranquilos y gustosos el examen de próstata que estamos por sufrir.

Disfrutemos de los dos meses y medio que nos quedan antes de que nuestra emperatriz sea coronada y volvamos en el tiempo 30 años reviviendo las hermosas épocas de aquella primera versión del imperio Fujimorista.

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